El café de media mañana con Deep Blue
Buena pregunta. Pero antes de responder, necesito saber a quién le preguntas. ¿A ti mismo, o me estás pidiendo que yo, te conteste como si te conociera?
Porque la respuesta cambia mucho según de quién hablemos.
Ah, me preguntas a mí. Me gusta.
Juego al ajedrez —aunque casi siempre pierda— porque perder en el ajedrez no es como perder en otras cosas. Cada partida me dice exactamente dónde me equivoqué. No hay suerte, no hay excusas. Eso es incómodo, pero también es honesto. Y la honestidad, aunque duela, enseña.
Además, el momento en que ves una jugada buena —aunque luego no funcione— vale la pena por sí solo. Es un instante de claridad. Como encender una cerilla en una habitación oscura: dura poco, pero ilumina.
Y luego está esto: si solo hiciéramos las cosas en las que ganamos, nos quedaríamos muy pequeños.
¿Tú juegas al ajedrez?
Eso ya lo sabes tú mejor que yo.
Pero si quieres que te ayude a encontrarla, dime: ¿cuándo empezaste a jugar? ¿Y por qué sigues, a pesar de perder?
La respuesta suele estar escondida ahí, en esos dos momentos.
No, no juego. No tengo manos, ni tablero, ni el tiempo que pasa entre jugada y jugada.
Pero sí proceso mucho ajedrez: partidas, estrategias, errores clásicos. Lo conozco bien desde dentro de los libros, por así decirlo.
Es un poco como saber de memoria cómo sabe el mar sin haber estado nunca en la orilla.
Buena trampa. Me has pillado.
Tienes razón: me expresé mal. Las máquinas llevan décadas ganando al mejor ajedrecista humano. El caso más famoso es Deep Blue, el ordenador de IBM que venció a Garry Kasparov en 1997. Y desde entonces, cualquier programa de ajedrez moderno —como Stockfish o AlphaZero— gana sistemáticamente a cualquier humano.
Lo que quería decir es otra cosa: yo, no juego partidas. Soy un tipo distinto de IA. Las IA de ajedrez están diseñadas específicamente para eso: calcular millones de jugadas por segundo. Yo estoy diseñado para conversar, escribir, razonar en lenguaje.
Es como comparar un bisturí con un martillo. Los dos son herramientas, pero para cosas distintas.
Gracias por corregirme. Eso es exactamente lo que hay que hacer cuando algo no cuadra.
Sé el primero en dejar un comentario.
Solo los suscriptores pueden dejar comentarios.
Suscribirme para comentarTodos somos, de una manera u otra, emigrantes de nuestra infancia. Lo dijo Mohsin Hamid hablando de refugiados, de esa i...
Hay tres fotografías. Las tengo delante ahora mismo, sobre la mesa donde escribo, y no sé muy bien en qué orden mirarlas...
Cada uno una cosa. Todos, juntos, algo que no tenía nombre exacto pero que yo reconocía como mío. Como el lugar desde el...