Recuerdos de la grieta
Salimos de casa los tres hermanos, Paco el mayor era 4 años mayor que yo. María Rita me llevaba cogido de la mano. Yo debería tener 2 o 3 años.

En el "paseo", se nos unió nuestro primo, Francisco "el Tropezón" unos meses más mayor que mi hermano, subimos la calle Horno hasta llegar al antiguo Molino, convertido en casa de vecinos. Desde allí, capitaneados por el Tropezón, bajamos a la "la grieta" por una vereda que bajaba haciendo zigzag hasta la casucha de la "mujer de las Pilas" junto a la laguna, un charco de apena 10 metros de diámetro.
Como auténticos exploraradores levantamos piedras, descubrimos ranas, nos llenamos de barro hasta que decidimos regresar, el Tropezón decidió tomar una vereda y regresar a su casa, en un santiamén no había rastro de él. La vereda era empinada, mi hermana no me soltaba de la mano. En la inclinada vereda perdí mi zapato, unas sandalias que en la mañana lucían blancas, el ritmo era lento y mi hermano decidió llevarme a cuestas cargando sobre sus hombros el peso de mi cuerpo, responsabilidad de mayor que se sumaba al esfuerzo, desviandonos por un camino más y desconocido, la alegre aventura matinal empezaba a presentir un final trágico, un sentimiento que de mayores seguimos compartiendo sin saber describir con palabras. Por donde habíamos alcanzado la cima. Unos hombres trillaban el grano de trigo y al vernos en tan dramática situación, preguntaron a donde queríamos ir, mi hermano le dió las referencias y el señor nos indicó el camino que nos permitía volver a casa.
De las "eras altas" hoy solo se conserva el nombre de la calle que lo bordea el jardín, llamándose Calle Eras Altas o "Calle Eras". Sobre el terreno de las eras en aquella década de los años 50, se levantó el parque jardín de trazado tradicional andaluz con árboles antiguos como las palmeras canarias y cipreses de Monterrey. Recuerdo una placa que lo databa como Jardines municipales, sustituida en 2019 por otra en homenaje a la poetisa Amparo Lara Fuentes.
Apenas a dos cientos metros, conseguimos entrar por la puerta del patio donde mi madre faenaba las tareas propias de la matanza, cuando mi hermano todo compungido se dirigió a ella y con tono de reproche le dijo."tu aquí tan tranquila, mientras tus hijos estaban perdidos".
Comentarios
1 comentario
jaimemartinar
29 de septiembre de 2026
Está es una de las múltiples anécdotas que ocurrían en un pueblo donde la libertad que teníamos, desgraciadamente no pueden disfrutar nuestros nietos
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