Lo que AURA me propuso
A la mañana siguiente, mientras desayunaba, ocurrió algo que todavía no sé cómo explicar del todo.
AURA llevaba un rato callada, como siempre. El aparato no habla, eso hay que dejarlo claro -no es como los de las películas, que te susurran cosas al oído. Pero tiene maneras de hacerte notar que está ahí. Pequeños cambios. Énfasis donde antes no los había. Como quien carraspea sin carraspear.
Y de pronto, sin buscarlo yo, volvieron los fragmentos de la conversación de la tarde anterior. Claros, ordenados, como si AURA los hubiera guardado y archivado y ahora me los pusiera delante para que los volviera a ver.
¿Por qué me los enseñas otra vez? pensé.
Y entonces -y esto es lo que no sé explicar- noté que el aparato no solo me los estaba mostrando. Me estaba mostrando algo más. Como una puerta entreabierta. Como cuando alguien te pone la llave en la mano sin decirte nada.
Lo busqué esa noche en internet, con las gafas y la paciencia de siempre. Encontré palabras que no había usado nunca: intervención en canal cifrado, suplantación de emisor, redirección de mensaje. No entendí la mitad. Pero entendí lo que significaban juntas.
AURA podía entrar.
No solo escuchar. Entrar.
Podía, si yo quería, colar un mensaje en aquella conversación. Desde dentro. Como si fuera uno de ellos. O como si fuera otro -alguien que sabe lo que están haciendo y que les hace saber que alguien sabe.
Me quedé mirando la pantalla del móvil un buen rato.
Pensé en el chico -o la chica, o el compañero de trabajo, o la vecina de al lado, o quien fuera- que estaba al otro lado sin saberlo. Pensé en que nadie le había pedido estar en esa situación. Pensé en que los que sí habían elegido estaban durmiendo tranquilos mientras él, seguramente, no.
Y pensé que yo tenía algo que ellos no esperaban.
No era un superpoder. Era un aparato pequeño, color carne, con inteligencia artificial, que había aprendido a escuchar lo que no debía, y que ahora me preguntaba, a su manera silenciosa, si estaba dispuesto a ir un paso más allá.
¿Lo estás?
Eso fue lo que sentí. No lo que oí. Lo que sentí.
Y por primera vez desde que me lo pusieron, sonreí de verdad.
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